Una breve historia hecha en un taller de Narrativa, me está abriendo de nuevo el cerebro...Sus coletas no eran perfectas, Eva detestaba el peinado que le había hecho su mamá. Cumplía 5 años y sus amiguitos irían a disfrutar del pastel, un show y del regalo sorpresa que le habían prometido. Nunca quiso una fiesta, raro en una niña que sueña con estrenar vestido y ser el centro de atención. Eva era todo lo contrario, quería pasar el día con su vecinito Rolando aventando papeles mojados a la pared, saltando en las camas y agarrar el triciclo rojo que nunca le prestaba. Todo se había frustrado gracias a su madre que tuvo la gran idea de hacerle una gran fiesta. Había escuchado hablar del tema durante toda la semana. La casa sería adornada con globos y serpentinas, la comida llegaría a las 5 después de terminar el show de “Maggie y sus muñecas mágicas”.
Los invitados fueron llegando poco a poco. Eva tenía la obligación de recibirlos, sonreír amablemente, decir gracias si le daban un regalo e irse con la niña o el niño al área destinada para los pequeños. Como un relojito bien aceitado, la cumpleañera realizó la faena 30 veces. Eva observaba más que jugar, muchos de los niños ahí presentes ni siquiera los conocía o simplemente no le importaban, él único que lograba mantenerla en alerta era “Rolo”, su inseparable amiguito. El chiquillo le contaba como había robado un billete de la cartera de su papá, -uno de los que dicen 100 pesos-, le decía.
Ella lo escuchaba y pensaba que con ese dinero podrían ir al siguiente día a comprar los chocolates y las gomitas que sus madres nunca les querían comprar. También puso en su lista algunos fritos y refrescos, los alimentos prohibidos en su escuela. Eva soñaba y, por supuesto, ahí aparecía el triciclo rojo que tanto le gustaba y que sus padres no le habían comprado. También lo obtendría con el dinero que consiguió “Rolo”. - Como crees Eva, el triciclo no nos alcanza, para eso tendría que tener más billetes, además que tal si es ese tu regalo sorpresa-.
Eva brincó y brincó, tal vez la fiesta no era una mala idea ya que más tarde iba a tener, por fin, su ansiado triciclo. Fue corriendo con su madre que no se había sentado ni un minuto, le preguntó que si ya podía abrir sus regalos, la progenitora se negó rotundamente y la mandó a acomodarse para el show. Las horas se alargaban, corrían como días y Eva más impaciente ni siquiera quiso probar el chili dog, como si eso acelerara el proceso de la merienda. Ya quería que todo terminara. La tarde se hacía noche y los niños empezaban ya a inquietarse, la diversión parecía llegar a su fin, para Eva apenas iniciaba.
Moños rojos, amarillos, tarjetas de colores, papeles de Dora la Exploradora, todo los paquetes en la mesa no le interesaban, Eva quería el regalo que estaba escondido en el cuarto de sus papás. Cuando terminó de irse el último invitado, su mamá autorizó la rompedera de envolturas. Ropa, muñecas, un juego didáctico, más ropa, una lonchera, más ropa, juguetes de todo tipo, todo lo iba apilando en un sillón.
El regalo sorpresa se acercaba. Su padre, que había estado escondido en su estudio durante la fiesta, se dirigió a su cuarto y regresó con una caja enorme. Eva brincaba tanto que su madre no paraba de reír. -Tranquila Eva, te vas a caer-, dijo su papá que hablaba peor que un general. Sus ojos brillaban y sus pequeñas manos apenas y podían controlarse, arrancó el papel, aventó el moño y la tarjeta ni siquiera la miró. La caja de cartón no traía nada impreso así que la emoción continuaba. Su papá entró en su ayuda y con un cuchillo abrió la caja. Eva gritaba, su madre reía y Don Carlos sacaba un triciclo azul. -Te gusta, mi’jita, es como el de Rolo pero de diferente color para que no se confundan-. Eva no respondió, vio el triciclo, lo recorrió y se subió en el. En su recorrido pensó como obtener billetes de la cartera de su padre para comprar pintura.
NEUROSIS DE FIESTAY ya que hablé de las fiestas infantiles, éstas pueden ser una de mis primeras neurosis. Era un verdadero lío que me llevaran, que yo quisiera ir. Aún así, muchas veces apechugué y seguir el rito de las mañanitas, la piñata, el pastel, las bolsitas...Pobres niños...